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El tipo de cambio cerr贸 la semana sin sobresaltos pese a la volatilidad global

La semana pasada estuvo marcada por la publicación del dato de inflación de febrero, que se ubicó en 2,9% mensual, en línea con el registro de enero y aún en niveles relativamente elevados. De este modo, la dinámica de precios acumula varios meses sin evidenciar un inicio claro de desaceleración en el proceso desinflacionario, con febrero marcando el décimo mes consecutivo en el que la inflación se mantiene o se acelera. De cara a marzo, los primeros relevamientos de alta frecuencia sugieren que el dato podría ubicarse nuevamente en niveles similares o levemente superiores, en un mes caracterizado por factores estacionales y posibles presiones adicionales vinculadas al reciente aumento del precio del petróleo. En este contexto, desde una mirada estratégica seguimos considerando que el tramo corto de la curva CER ofrece una mejor relación riesgo–retorno frente a los instrumentos a tasa fija, en la medida en que no prevemos una caída significativa de la inflación en el corto plazo.
En el frente cambiario, el tipo de cambio oficial mostró una tendencia a la baja en el balance semanal, con una caída cercana a los $16 respecto de la semana previa, a contramano de las monedas pares, que se depreciaron en torno al 1% en un contexto de fortalecimiento global del dólar. En este escenario, el Banco Central continuó acumulando reservas, aunque a un ritmo más moderado hacia el cierre de la semana. Por su parte, el Tesoro logró sortear con éxito la primera licitación del mes, alcanzando un rollover superior al 100% en pesos y avanzando con la reapertura en dólares del BONAR 2027, en el marco de la estrategia orientada a acumular divisas para afrontar los vencimientos en dólares de julio. La colocación mantuvo un fuerte sesgo hacia instrumentos CER, que concentraron el 63% del total adjudicado, mientras que el plazo promedio ponderado de la deuda emitida volvió a extenderse, impulsado por la demanda de títulos más largos.
Por otra parte, las tasas de caución continuaron mostrando estabilidad y se ubican actualmente en torno al 20% TNA. En este sentido, no esperamos que la absorción de liquidez derivada de la última licitación del Tesoro, que implica un retiro cercano a $0,8 billones, genere disrupciones relevantes en el mercado de tasas. La normalización de la liquidez en el sistema se da en línea con el incremento en el stock de pasivos remunerados (actualmente en torno a $2,4 billones), a través de los cuales el BCRA absorbe parte del excedente de pesos del sistema a una tasa cercana al 20% TNA, contribuyendo así a establecer un piso y una referencia para las tasas de corto plazo del mercado monetario.
En la rueda del viernes, el tipo de cambio oficial mostró volatilidad: inició la jornada por debajo de los $1.390 y fue subiendo gradualmente a medida que el contexto internacional se deterioraba, para finalmente cerrar en $1.400 (+$5,5 respecto al jueves). En la semana, el dólar oficial acumuló una caída de $16 y se ubicó un 14% por debajo de la banda superior de $1.628. En la misma línea, los dólares financieros también registraron avances: el CCL cerró en la zona de $1.470 (+0,6%), mientras que el MEP finalizó en torno a $1.420 (+0,6%). De esta manera, la brecha entre el CCL y el tipo de cambio oficial se ubicó en 5,0%, mientras que el diferencial entre el CCL y el MEP se mantuvo cerca del 3,0%.
En una rueda con un volumen operado cercano a los USD 450 millones, el Banco Central cerró la semana con compras por USD 45 millones, acumulando USD 586 millones en marzo y USD 3.298 millones en lo que va del año. De esta manera, el Banco Central volvió a moderar el ritmo de participación en compras sobre el volumen operado con respecto a las últimas ruedas, adquiriendo cerca del 10%, aún por encima del target de participación establecido.
En cuanto a los bonos soberanos en dólares, el viernes los Globales extendieron la racha negativa y sumaron su tercera jornada consecutiva a la baja en Nueva York, con un retroceso promedio del 0,8% y caídas superiores al 0,9% en el tramo largo de la curva. Como resultado, el precio promedio ponderado se ubicó en la zona de USD 75,6, mientras que el riesgo país volvió a posicionarse por encima de los 580 puntos básicos.
Luego de la primera ronda de licitación del BONAR 2027 (AO27), en la que el Tesoro colocó USD 150 millones a una TIR de 5,59%, el viernes se llevó a cabo la segunda vuelta. En esta instancia, se adjudicaron los USD 100 millones adicionales bajo los mismos términos y condiciones, al rendimiento convalidado en la primera ronda. Se recibieron ofertas por USD 215 millones, lo que implicó un factor de prorrateo de 46,4% sobre el total de ofertas recibidas. De este modo, el gobierno completó el cupo máximo previsto en la primera licitación de marzo, en una señal que ratifica la fuerte demanda por deuda argentina en dólares dentro del actual gobierno, y alcanzó un total de USD 500 millones colocados en el marco del programa de emisiones destinado a afrontar los vencimientos en dólares de julio.
Por el lado del equity, en el mercado local el S&P Merval cerró el viernes con una caída del 2,0% en pesos y del 2,8% en dólares. El índice había comenzado la semana con fuertes subas, pero fue deteriorándose gradualmente a lo largo de las ruedas, en línea con la dinámica observada en el equity global. En el balance semanal, el índice mostró una variación levemente positiva, con avances del 0,6% en pesos y del 1,4% en dólares, ubicándose en la zona de los USD 1.800. Por su parte, en Nueva York los ADRs argentinos finalizaron la semana mayormente a la baja, con la excepción de TGS (+0,5%). Las caídas más pronunciadas volvieron a concentrarse en el sector bancario: BBVA (-6,7%), Supervielle (-6,6%), Macro (-5,0%) y Galicia (-4,6%).
 

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驴En d贸nde reinvertir el pago de los Globales y Bonares?

Este viernes 9 de enero, el gobierno argentino pagará alrededor de USD 4.300 millones por el vencimiento de los Globales y Bonares (de los cuales aproximadamente USD 3.700 millones corresponden a acreedores privados). Quienes tengan en cartera GD29, GD30, GD46, AL29 o AL30 percibirán el pago de capital e intereses correspondiente a sus tenencias. En cambio, quienes posean GD35, GD38, GD41, AL35, AE38 o AL41 sólo cobrarán intereses. En la tabla a continuación podrán visualizar cuánto pagará cada título por cada USD 100 de valor nominal (VN). A modo de ejemplo, si un inversor tiene USD 1.000 VN de AL30, cobrará USD 83 en total (USD 80 de amortización y USD 3 de intereses). En este informe, les presentamos algunas alternativas para reinvertir el pago de los Globales y Bonares tanto en la curva soberana como en el segmento subsoberano y corporativo.
          
Oportunidades dentro del universo soberano
Para aquellos inversores cuyo escenario base sea una compresión adicional del riesgo país, impulsada por el nuevo programa de acumulación de reservas y la implementación de las reformas estructurales, resulta conveniente reinvertir en el tramo largo de la curva soberana. En este contexto, sería factible que el riesgo país ceda entre 100 o 200 pbs desde el nivel actual de 575 pbs. A modo de referencia, el mínimo alcanzado en la gestión de Mauricio Macri fue de alrededor de 345 pbs. Para converger hacia ese nivel, el riesgo país debería disminuir un poco más de 200 pbs.
A modo de ejemplo, si el riesgo país comprime entre 100 y 200 pbs, el GD35 rendiría en torno a 8% – 9% TIR, mientras que el GD30 rendiría en la zona de 7,5% - 8,5% TIR. En este marco, el GD35 podría aumentar entre 7% y 13%, mientras que el GD30 subiría apenas entre 3% y 6%. Dicho esto, en el escenario actual de compresión de riesgo en toda la curva, los títulos que tienen un mayor potencial de upside son el AL41, el GD41 y el AL35.
  
Por otra parte, nos sigue pareciendo atractivo rotar de GD29 y GD30 a AL29 y AL30. El spread de legislación sigue elevado en el tramo corto de la curva (alrededor de 210 pbs en los 29s y alrededor de 220 pbs en los 30s). En consecuencia, en el escenario de compresión de riesgo país, los Bonares cortos tendrían un mayor potencial de upside que los Globales cortos. Más allá de esta sugerencia, consideramos que hay alternativas superadoras en el universo subsoberano y corporativo para inversores conservadores que no quieran extender duration en la curva soberana y prefieran diversificar sus portfolios, mejorando la relación riesgo-retorno de sus carteras.
Oportunidades dentro del universo subsoberano
Dentro de la curva de provinciales, hay algunos títulos de emisores con buena calidad crediticia que rinden más o similar que los Globales cortos:
  • El PPM29, que es un bono emitido por la provincia de Mendoza con vencimiento el 19 de marzo de 2029.
  • El CO27 (también conocido como PDCAR29), que es un bono de la provincia de Córdoba con vencimiento el 1 de febrero de 2029.
En concreto, el PPM29, que tiene un modified duration (MD) de 1,5, rinde actualmente alrededor de 9,1% TIR, mientras que el GD29 (MD de 1,6) cotiza con una TIR del 8,3% y el GD30 (MD de 2) rinde en torno a 9,5%. Además, consideramos que el PMM29 tiene potencial de compresión si Mendoza vuelve a acceder al mercado internacional de crédito en los próximos meses, algo que vemos factible tras las exitosas emisiones de Córdoba, CABA y Santa Fe. De esta forma, el título de la provincia andina se convierte en una alternativa atractiva con una lámina mínima baja (USD 1.000 VN) en el segmento subsoberano. Por su parte, el CO27 (MD de 2) rinde alrededor de 10,9% TIR, lo que lo vuelve incluso una opción más atractiva que el PPM29 en cuanto a rendimiento. No obstante, cabe mencionar que este título tiene una lámina mínima más elevada (USD 150.000 VN). 

Adicionalmente, los bonos subsoberanos de estas provincias presentan una current yield (medida de rentabilidad que relaciona el flujo de fondos anual que genera un bono en concepto de intereses con su precio de mercado actual) relativamente más elevada que los Globales y Bonares cortos, que cuentan con cupones anuales muy bajos por ser step-up. A modo de referencia, el PMM29 tiene una current yield de 5,9%, mientras que el GD29 y el GD30 tienen una current yield de 1,2% y 0,9%, respectivamente. Asimismo, cabe destacar que, al igual que el soberano, los créditos subsoberanos también se beneficiarían de una baja adicional del riesgo país. Es decir, la compresión de rendimientos también se trasladaría a la curva provincial, por lo que hay un potencial de upside en esta clase de activos.
Para aquellos inversores que quieran estirar duration, una alternativa atractiva es el CO32 (también conocido como PDCAR32), que es un bono emitido por la provincia de Córdoba con vencimiento el 2 de julio de 2032. Este título, que tiene una MD de 4,2, es comparable con el GD35 (MD de 5,5) y el GD38 (MD de 4,8). El CO32 rinde alrededor de 8,7% TIR, mientras que el GD35 y el GD38 cotizan con una TIR del 10,2% y 10,3%, respectivamente. Si bien la TIR del bono de Córdoba es levemente inferior a los Globales (alrededor de 150 pbs), la current yield del CO27 es bastante superior al oscilar en 9,2% frente a 5,6% del GD35 y 6,5% del GD38. Además, a diferencia del CO27, tiene una lámina mínima más baja (USD 10.000 VN frente a USD 150.000 VN).
Desde el punto de vista de la relación riesgo–retorno, los bonos subsoberanos de Córdoba y Mendoza son una alternativa atractiva frente a los soberanos. En escenarios de stress, el crédito soberano suele ser el primer activo en ser castigado, mientras que los provinciales de mejor calidad tienden a exhibir mayor resiliencia, amortiguando la volatilidad. Si bien estos instrumentos operan actualmente con TIRs similares a las de los bonos soberanos, brindan una menor exposición al riesgo político y crediticio nacional.
Tanto Córdoba como Mendoza exhiben un perfil fiscal históricamente sólido, lo que refuerza su capacidad para afrontar compromisos de deuda incluso en contextos macroeconómicos adversos. Córdoba acumula seis años consecutivos de superávit primario, mientras que Mendoza registra cinco años consecutivos de superávit primario. En perspectiva histórica, durante el período 2005–2024, Córdoba cerró 14 años con superávit primario y solo 6 con déficit, mientras que Mendoza finalizó 13 años con superávit y 7 con déficit. Esto implica que ambas provincias estuvieron en déficit en solo el 30% del período mencionado, una dinámica contundentemente más sólida que la del gobierno nacional, que fue deficitario en casi el 70% del mismo período (14 años). Este comportamiento refleja una disciplina fiscal sostenida en el tiempo, que constituye un ancla relevante para el análisis crediticio de ambas provincias.
Más allá de la solidez fiscal, Córdoba y Mendoza cuentan con una elevada capacidad estructural de generación de recursos propios, un factor clave para evaluar su capacidad de repago de la deuda en dólares. Ambas provincias son exportadoras, lo que les permite obtener ingresos genuinos vinculados al comercio exterior. En el caso de Córdoba, se destaca la fortaleza de su agroindustria, junto con un entramado industrial diversificado, donde sobresale el complejo automotriz y de autopartes. Mendoza, por su parte, combina su perfil exportador en vitivinicultura y agroindustria con una creciente relevancia en el sector energético. En este último caso, hay un importante potencial de expansión a futuro: para los próximos años se espera un boom de inversiones mineras, que podría fortalecer aún más la capacidad de generación de divisas de la provincia andina.
En cuanto al perfil de vencimientos en dólares, tanto Córdoba como Mendoza presentan esquemas de pagos sostenibles y previsibles, sin concentraciones significativas en el corto plazo. Mendoza muestra un cronograma particularmente ordenado, con vencimientos levemente superiores a los USD 100 millones anuales hasta 2029, lo que luce manejable en función de su capacidad fiscal y generación de recursos. Córdoba, por su parte, enfrenta compromisos algo mayores, pero igualmente administrables, con pagos anuales en el rango de USD 300 – USD 400 millones hasta 2030, en línea con el tamaño de su economía y su historial de cumplimiento.
Oportunidades dentro del universo corporativo
Para los perfiles conservadores, también existen opciones atractivas en el segmento corporativo. Al igual que los títulos provinciales, los bonos corporativos ofrecen una relación riesgo-retorno más equilibrada que los soberanos, ya que demostraron una mayor resiliencia que los Globales y Bonares en escenarios adversos. Asimismo, los créditos corporativos se verían beneficiados por una compresión adicional del riesgo país, por lo que hay un potencial de upside por este lado.
Dentro de este universo, en el tramo corto de la curva corporativa, nos parecen atractivos el Tecpetrol 2030 (TTCDO, calificación AAA con perspectiva estable de Fix Ratings), el Telecom 2031 (TLCMO, calificación AA+ con perspectiva positiva) y el YPF 2031 (YMCXO, calificación AAA con perspectiva estable). Estos títulos, que vencen entre noviembre de 2030 y septiembre de 2031, rinden entre 80 y 130 pbs por debajo del GD30, pero cotizan entre 10 y 40 pbs por encima del GD29 (excepto el bono de Tecpetrol). Además de ofrecer una mejor relación riesgo-retorno, poseen current yields superiores a las de los soberanos cortos. El Tecpetrol 2030 tiene una current yield de 7,7%, mientras que el Telecom 2031 y el YPF 2031 poseen un rendimiento corriente de 8,8% y 8,4% cada uno. Estas cifras superan significativamente a las current yields del GD29 (1,2%) y del GD30 (0,9%). Además, los títulos corporativos mencionados tienen una mayor modified duration que los soberanos cortos, lo que los hace más atractivos frente al actual escenario de compresión de tasas (son más sensibles a cambios en la tasa de interés).

En tanto, para aquellos inversores conservadores que quieran estirar duration bajo el escenario de normalización de rendimientos, nos parecen atractivos el Tecpetrol 2033 (TTCAO) y el Telecom 2033 (TLCPO). Estos títulos poseen una mayor MD, por lo que son más sensibles a cambios en la tasa de interés que los anteriormente mencionados. El primero rinde alrededor de 8,2% TIR, mientras que el segundo cotiza con una TIR en torno a 8,6%. Si bien la TIR de ambos instrumentos se ubica por debajo del rendimiento del GD35 (10,2%) y del GD38 (10,3%), la current yield de los bonos corporativos es superior. El rendimiento corriente del Tecpetrol 2033 es de 7,5% y del Telecom 2033 es de 8,8%, ubicándose por encima del 5,6% que ofrece el GD35 y del 6,5% que devenga el GD38. Por lo tanto, ambos títulos son una alternativa atractiva para aquellos inversores que quieran diversificar sus portfolios, invirtiendo en instrumentos menos volátiles que los bonos soberanos en dólares sin sacrificar rendimiento significativamente.
 

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Recap 2025, perspectivas y desaf铆os para 2026: un a帽o para consolidar el rumbo econ贸mico

El 2025 estuvo lleno de hitos para el gobierno, superando con éxito los desafíos que surgieron en el Congreso y en las elecciones provinciales. Entre los principales sucesos de este año, se destacan la firma del acuerdo con el FMI por USD 20.000 millones, el levantamiento del cepo para inversores minoristas, la implementación de un esquema de bandas de flotación para el dólar, la ayuda financiera sin precedentes por parte de Estados Unidos, el rotundo triunfo del oficialismo en las elecciones de medio término y el regreso del soberano al mercado de deuda en dólares.

Tras disiparse el ruido político inherente a un año electoral, el 2026 podría ser el año en el que se afiance el rumbo económico y financiero iniciado en diciembre de 2023. El gobierno todavía adeuda las reformas estructurales, liberar las restricciones cambiarias para las personas jurídicas, acumular reservas internacionales sostenidamente, afianzar la actividad económica e impulsar el empleo privado. En este informe, repasamos cuáles son los principales desafíos y perspectivas de cara al próximo año.

Panorama político: Congreso a favor y agenda de reformas
Las elecciones legislativas de octubre produjeron un giro de 180° en el panorama político argentino. En la previa, el escenario que el mercado consideraba más “probable” era que el oficialismo obtuviera un resultado ajustado —un empate o una derrota moderada— que le permitiera alcanzar el tercio de las bancas en Diputados. De este modo, podría bloquear iniciativas de la oposición que pusieran en riesgo el sendero de consolidación fiscal y, al mismo tiempo, contar con el respaldo legislativo necesario para sostener eventuales vetos presidenciales. Sin embargo, la historia fue muy distinta: La Libertad Avanza obtuvo un triunfo contundente, con más del 40% de los votos a nivel nacional, superando por casi diez puntos al peronismo. Este resultado significó un respaldo significativo a la gestión de Milei, ratificándose el rumbo económico iniciado en diciembre de 2023.

El resultado de las elecciones legislativas dejó al gobierno en una posición muy favorable dentro del Congreso de cara a la segunda mitad del mandato. Tras varios movimientos dentro de los bloques, La Libertad Avanza (LLA) se consolidó como la primera minoría en la Cámara de Diputados, alcanzando 95 bancas. En tanto, en el Senado, la alianza entre LLA y el PRO se consolidó con 26 senadores, frente a los 15 que tenía antes de las elecciones. Por lo tanto, el oficialismo consiguió el tercio de las bancas en ambas Cámaras, lo que le otorga una capacidad de bloqueo y negociación considerablemente más holgada.

Si bien el gobierno no alcanzará por sí solo el quórum propio en el Senado (37 senadores), podría alcanzarlo mediante acuerdos con Provincias Unidas (un frente creado por varios gobernadores) y otros espacios provinciales. En la Cámara de Diputados se repite una dinámica similar: aunque no contará con quórum propio (129 diputados), quedará muy cerca de alcanzarlo a través de alianzas, lo que refuerza significativamente la gobernabilidad y la capacidad de avanzar con la agenda de reformas en la segunda parte del mandato. 
       

2026 se perfila como el año de las reformas estructurales impostergables. La designación de Diego Santilli como nexo conductor para las negociaciones con los gobernadores parece avanzar positivamente. Si bien el gobierno cuenta ahora con un peso legislativo significativamente mayor en ambas Cámaras, es indispensable construir consensos con los gobernadores para avanzar con la agenda de reformas. Durante el período de sesiones extraordinarias (que se llevará a cabo entre el 10 y 30 de diciembre), el gobierno apunta a pasar dos reformas claves para la economía: la reforma laboral y la reforma impositiva. 

Creemos que una reforma laboral es una condición indispensable para que el modelo de transformación que impulsa el gobierno de Milei sea sostenible en el tiempo y efectivamente exitoso. La actual estructura del mercado de trabajo en Argentina tiene un elevado grado de rigidez, altos costos no salariales y un marco regulatorio que desalienta la creación de empleo formal. Una mayor flexibilidad permitiría favorecer la formalización, reducir la litigiosidad y abaratar los costos de contratación, generando un entorno más propicio para la inversión y la generación de empleo privado. En este sentido, la modernización laboral contribuiría a mejorar la competitividad, estimular la inversión productiva y acelerar la creación de puestos de trabajo en el sector privado.

Asimismo, el proceso de apertura comercial impulsado por el gobierno impactará estructuralmente sobre el entramado productivo. Algunas industrias que durante años subsistieron gracias a un modelo de economía cerrada enfrentarán mayores dificultades para competir, lo que derivará inevitablemente en procesos de achicamiento o cierre de empresas. Los empleos que se pierdan en estos sectores deberán ser absorbidos por actividades más dinámicas, particularmente en el sector de servicios. Para que esa reasignación sea posible, será imprescindible que exista un proceso sostenido de inversión, algo que difícilmente se materialice si persiste un sistema laboral rígido que desalienta la contratación y eleva los costos de entrada al mercado formal. En esa línea, el gobierno buscaría introducir el nuevo Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), el cual forma parte del paquete de modernización laboral. Este esquema ofrecería beneficios impositivos para las PyMES que inviertan y contraten personal. En este contexto, la reforma laboral no solo aparece como una condición para impulsar el crecimiento económico, sino también como un pilar clave para facilitar la transición productiva de la economía.

Por el lado de la reforma impositiva, consideramos que se ubica por detrás de la laboral en orden de importancia, debido al impacto limitado que podría generar en la economía inicialmente. De acuerdo con declaraciones del ministro Caputo, el enfoque de la reforma no estará puesto inicialmente en una reducción de la carga tributaria, sino en una reconfiguración de la estructura impositiva. Esto se explica, en parte, porque algunos de los impuestos más distorsivos —como Ingresos Brutos— no dependen del gobierno nacional, sino que dependen de las provincias. En tanto, una baja abrupta de otros tributos (como el Impuesto al Cheque y las retenciones que tienen una elevada participación en la recaudación) comprometería el principal ancla del programa económico, que es el equilibrio fiscal.

Política fiscal: cuentas en orden, el principal ancla
El gobierno cerrará su segundo año de gestión con otro sólido desempeño fiscal, con un superávit primario proyectado del 1,4% del PBI y un resultado financiero equilibrado. En comparación con el primer año de mandato, el resultado primario sería inferior (1,4% del PBI en 2025 vs. 1,8% del PBI en 2024), mientras que el resultado financiero se mantendría en equilibrio. El sostenimiento del superávit se da en un contexto de caída de los ingresos (-0,6 p.p. del PBI vs. 2024), que estuvo compensada por una nueva profundización del ajuste del gasto público (-0,2 p.p. del PBI vs. 2024).
Por el lado de los ingresos, la recaudación vinculada a la actividad —como el IVA y el Impuesto a las Ganancias— se mantuvo estable. Las contribuciones a la seguridad social mostraron una suba de 0,7 p.p. del PBI respecto al 2024, como consecuencia del aumento del salario real. La caída de ingresos se explicó principalmente por la eliminación del impuesto PAIS (casi 1 p.p. del PBI) y por la menor recaudación por los derechos de exportación, afectada primero por la reducción y luego por la eliminación temporal de las retenciones al agro.

En cuanto al gasto, el ajuste se profundizó, aunque con menor intensidad que en el 2024. El gasto de capital permaneció estable en niveles históricamente bajos, mientras que el gasto primario total se redujo en 0,2 p.p. del PBI. En este último caso, las transferencias sociales, que incluyen el gasto en jubilaciones (+0,5 p.p. del PBI), aumentaron un 0,2 p.p. del PBI, producto de que la fórmula indexadora ajusta con rezago respecto a la inflación. Esta suba fue contrarrestada por una nueva caída de los subsidios, que se redujeron 0,4 p.p. del PBI. El gasto en consumo (que incluye salarios públicos) descendió 0,1 p.p. del PBI, mientras que las transferencias a provincias se incrementaron en 0,1 p.p. del PBI, un monto relativamente bajo considerando que fue un año electoral.
De cara a 2026, esperamos que el superávit fiscal continúe siendo el principal ancla del programa económico, con un resultado primario cercano al 1,2% del PBI y un resultado financiero equilibrado. No obstante, será clave avanzar en medidas que doten de mayor sostenibilidad al ajuste, especialmente a través de reformas que consoliden la reducción del gasto de manera permanente.

Proyectamos una mejora en los ingresos asociados al consumo, junto con una mayor recaudación por seguridad social y derechos de exportación (la baja de las alícuotas se vería compensada por una mejor campaña agrícola). Por el lado del gasto, anticipamos un leve incremento en la obra pública, mientras que los subsidios seguirían descendiendo, lo que es clave para la sostenibilidad del ajuste del gasto. En este sentido, el gobierno anunció la implementación de un nuevo esquema de subsidios energéticos focalizados, que unificará las categorías actuales en solo dos: hogares con subsidio y hogares sin subsidio. La asistencia alcanzará exclusivamente a los hogares con ingresos inferiores a tres canastas básicas. Por otra parte, esperamos que el gasto operativo (que incluye el gasto en salarios públicos) también se contraiga, dado que la intención del gobierno es seguir achicando el tamaño del sector público. Las autoridades expresaron que harán un nuevo recorte de alrededor del 10% de la planta estatal en el próximo año.

Actividad: ¿comienza el crecimiento?
Con datos a septiembre, la actividad económica muestra una recuperación promedio del 4,3% en 2025, luego de la contracción del -1,3% en 2024. Asumiendo una expansión del 0,8% en el último trimestre del año (en línea con el REM), la actividad se perfila a cerrar el año con un incremento del 4,6% en promedio. El comportamiento de la actividad a lo largo del año puede dividirse en tres etapas bien definidas. En primer lugar, en los dos primeros meses del año, la economía continuó con la inercia de crecimiento del último trimestre del 2024. Luego, entre marzo y agosto, la actividad se estancó como consecuencia de la incertidumbre asociada al nuevo esquema cambiario y al acuerdo con el FMI, sumado a las tensiones del período preelectoral. En consecuencia, la actividad cayó por debajo del nivel registrado en febrero. Finalmente, en septiembre, la actividad exhibió un punto de inflexión: por primera vez superó el nivel de febrero y comenzó a exhibir señales de reactivación en un contexto cambiario, político y de tasas que podría sentar las bases para un sendero de crecimiento en 2026.

Si desagregamos por los distintos sectores económicos, la agricultura y la minería se expandieron en el último año (+0,8% y +8,1%, respectivamente), impulsadas por una buena cosecha y por el aumento de la producción en Vaca Muerta. En contraste, los sectores más intensivos en mano de obra continúan rezagados. La construcción comenzó a mostrar señales de recuperación (+4,3% interanual en septiembre), mientras que la industria manufacturera todavía no logra consolidar una mejora (-1,0% interanual), afectada por la apertura de las importaciones y el elevado nivel de tasas de interés en los meses previos.

Para 2026, esperamos un crecimiento de alrededor del 3%, con dinámicas heterogéneas entre los distintos sectores de la economía. La minería mantendría su tendencia expansiva, traccionada por Vaca Muerta y los proyectos bajo el RIGI. En el caso de la producción agrícola, las proyecciones de cosecha son favorables, con probabilidades de que la producción sea un 10% superior a la del 2025, lo que contribuiría en buena medida a la tasa de crecimiento.
El comercio minorista se vería beneficiado por un mayor acceso al crédito y por la recuperación del ingreso real. En este sentido, el sendero de tasas a la baja iniciado tras las elecciones contribuirá de manera positiva a la dinámica del consumo.

En cuanto a la construcción, la depreciación del tipo de cambio comenzó a favorecer al sector y a impulsar una incipiente reactivación. Si el crédito hipotecario continúa expandiéndose y se observa alguna mejora en el gasto de capital del sector público, el sector podría mostrar una recuperación parcial, aunque probablemente se ubique por debajo del nivel promedio del 2023.

Por su parte, la industria seguiría siendo el sector más rezagado. A medida que las importaciones continúen en aumento, las empresas locales deberán enfrentar una mayor competencia externa, lo que dará lugar a un proceso de reasignación de recursos. En este contexto, estimamos que la producción industrial aportará un crecimiento moderado o nulo.

Todavía queda pendiente una mayor liberación de las restricciones cambiarias para el 2026
Esta semana el gobierno anunció una nueva fase del programa monetario que comenzará a principios del 2026. En concreto, se dieron mayores precisiones acerca de dos temas que estaban pendientes: un ajuste al esquema cambiario y el lanzamiento de un programa de acumulación de reservas. El mercado venía exigiendo mayores definiciones en estos dos frentes, por lo que no sorprende la compresión del riesgo país que hubo tras los anuncios (-56 pbs hasta 569 pbs, mínimo desde enero). Las medidas son positivas para afianzar la sostenibilidad del programa económico y, además, son una condición necesaria para que el equipo económico pueda seguir eliminando restricciones en el 2026.
Como estaba planteado el esquema cambiario, uno de los grandes desafíos que se perfilaba para el 2026 era la acumulación de reservas. Según nuestras estimaciones, la medida más ácida de reservas netas (el verdadero poder de fuego o patrimonio neto del BCRA) volvió nuevamente a terreno negativo y se ubica alrededor de – USD 1.600 millones. Esto no quita que la autoridad monetaria tenga liquidez por alrededor de USD 18.000 millones (en efectivo, Treasuries y otros activos en moneda extranjera) que puede utilizar para afrontar los pagos que tiene que ir realizando. La visión del gobierno es acumular reservas en la medida que la demanda de dinero lo permita, evitando que se genere un nuevo déficit cuasifiscal o presiones inflacionarias. Sin embargo, con el FX muy cerca del techo de la banda superior, a priori la demanda de pesos no tenía mucho espacio para recuperarse bajo el viejo esquema de bandas.
En este marco, el equipo económico modificó el ritmo al que evolucionan las bandas de flotación a partir del 1 de enero de 2026. El techo y el piso de la banda evolucionarán cada mes al ritmo correspondiente al último dato de inflación informado por INDEC (T-2), en vez de a un ritmo del 1% mensual. Con este cambio, las bandas de flotación se ampliarán a un mayor ritmo, por lo que perderán relevancia más rápidamente. Por lo tanto, el FX tendrá un mayor espacio para hacer price discovery en caso de que se liberen las restricciones cambiarias, evitándose que el BCRA intervenga si hay un overshooting inicial del FX.
Cabe recordar que, a pesar del triunfo oficialista, no hubo modificaciones significativas a las restricciones cambiarias, en contra de lo que el mercado esperaba. Sólo se anunció una nueva excepción al límite diario de $200 millones para transferencias de valores negociables al exterior que beneficia a inversores no residentes que hayan comprado títulos soberanos en el mercado primario. Sin embargo, tanto la prohibición para comprar dólares financieros mientras se mantengan posiciones tomadoras de cauciones o pases o financiamiento en el mercado de capitales (aplicable a empresas y personas humanas), como la limitación de vender dólares en el mercado financiero habiendo adquirido previamente dólares en el MLC (aplicable para personas humanas) continúan vigentes. 
También continúa vigente la "restricción cruzada" para la compra de dólares financieros y la transferencia de títulos al exterior para empresas que accedan al MLC.
Dicho esto, flexibilizar restricciones cambiarias (en especial, para empresas) es uno de los temas pendientes para el 2026.


Dado el contexto macro positivo (ancla fiscal, sin riesgos en el frente político y precios de commodities agrícolas al alza), consideramos que el tipo de cambio real tendría cierto margen para apreciarse desde el nivel actual. La magnitud de la apreciación dependerá de la aprobación de las reformas estructurales, el nivel de inversión extranjera directa, el financiamiento externo que pueda obtener la Argentina y el nivel de tasa real. Esto no quita que, si efectivamente se eliminaran ciertas restricciones cambiarias, el FX podría depreciarse inicialmente (podría haber un overshooting). En caso de que la reacción del FX sea exagerada, no descartamos que el Tesoro estadounidense intervenga en el MLC para contener la volatilidad del tipo de cambio. Con la intervención en la antesala a los comicios de octubre, quedó demostrado que el apoyo por parte de los Estados Unidos es “whatever it takes”.

No descartamos que en algún momento del 2026 las bandas de flotación se eliminen para migrar hacia un esquema de “flotación administrada”, en el que no habría bandas y el BCRA solo intervendría para mitigar la volatilidad del peso. Para que esto suceda, es clave que el BCRA recomponga su balance en dólares, por lo que el flamante programa de acumulación de reservas resulta crucial en este punto. En el escenario base de remonetización del BCRA, la autoridad monetaria podría adquirir alrededor de USD 10.000 millones en 2026, mediante compras en bloque y adquiriendo diariamente el 5% del volumen operado en el MLC. Este es un monto significativo considerando los pagos a realizarse el próximo año. Para tener de referencia, el Tesoro tiene que pagar alrededor de USD 18.450 millones en 2026: USD 5.150 millones a organismos internacionales, USD 4.250 millones al FMI y USD 9.050 millones a los bonistas.
Sería clave que el soberano vuelva al mercado de crédito internacional para refinanciar parte de los compromisos de deuda que tiene que afrontar el próximo año. La emisión en el mercado local del BONAR 2029N por unos USD 1.000 millones a una TIR del 9,5% fue un primer gran paso en este sentido. La reciente compresión del riesgo país sumada a una potencial reducción adicional impulsada por avances en la aprobación de las reformas estructurales acercan a la Argentina a realizar una colocación de deuda internacional en 2026, estirando la duration a una tasa más baja. El contexto internacional también jugaría a favor, con el mercado descontando dos recortes adicionales en la tasa de referencia de la Fed en 2026. Así, la tasa se ubicaría 50 pbs por debajo del rango actual (3,5% – 3,75%). Este escenario implicaría una tasa base más baja y reforzaría la viabilidad de una emisión internacional que reduzca el costo de la deuda, incluso si no hubiese una compresión adicional del riesgo país. Cabe destacar que las proyecciones de la propia Fed señalan un único recorte de tasa, pero el mercado se mantiene más constructivo, esperando que el cambio en la presidencia de la Fed y la debilidad del mercado laboral norteamericano impulsen a la autoridad monetaria a profundizar el ciclo de recortes iniciado en el 2024.

Equity
Durante el 2025, el mercado de acciones argentino atravesó tres etapas bien definidas. El Merval medido en dólares comenzó el año por encima de los USD 2.100, para luego iniciar una tendencia marcadamente bajista que lo llevó hasta la zona de USD 1.100. Esta corrección respondió principalmente a factores idiosincráticos, entre ellos el ruido monetario, los temores fiscales, la incertidumbre en torno a la política cambiaria y la tensión asociada al resultado electoral. Finalmente, tras la contundente victoria electoral del gobierno, el índice revirtió gran parte de la caída y recuperó casi todo lo perdido desde comienzos del año, ubicándose nuevamente en torno a los USD 2.000.
En comparación con la renta fija, en la primera parte del año, las acciones mostraron una debilidad similar a la exhibida por los bonos soberanos en dólares, aunque tuvieron una caída más pronunciada desde mayo. Si bien el beta del equity es elevado (cercano a 1), este factor no explicó la divergencia observada en ese período, dado que el mercado estadounidense mostró fortaleza a pesar de los riesgos globales. Después de las elecciones de medio término, a pesar de que el repunte de las acciones fue significativo, el Merval no logró superar el máximo registrado en enero, a diferencia de la renta fija soberana, que sí lo hizo. La mayoría de las compañías presentó balances por debajo de lo esperado. Si bien esto no revirtió la suba de las cotizaciones, las acciones se vieron algo golpeadas. Esto sugiere que parte del mercado espera una recuperación gradual de los resultados en un contexto económico más favorable, limitando por ahora el despliegue total del potencial alcista del equity.

De cara a 2026, consideramos que, con una economía creciendo al 3% anual estimado, las empresas argentinas tendrían espacio para mejorar sus balances, lo que impulsaría sus cotizaciones. No obstante, entendemos que hay riesgos que podrían limitar el potencial upside de las empresas de ciertos sectores. Por ejemplo, el sector oil & gas podría verse afectado por la reciente baja del precio del crudo a nivel mundial, más allá de que las condiciones locales para las inversiones en este sector mejoren sustancialmente. Dicho esto, si bien la mejora en las condiciones macro derivarían en una compresión del riesgo país (suba de la cotización de los bonos soberanos), no está tan clara la correlación entre la renta fija y el equity argentino.
 
Conclusión
De cara al 2026, el gobierno buscará sostener la disciplina fiscal iniciada en diciembre de 2023, a la par que avanza en la implementación de las reformas estructurales que aporten mayor dinamismo y una base para el crecimiento de la actividad económica. Para 2026, esperamos un crecimiento de alrededor del 3%, con dinámicas heterogéneas entre los distintos sectores de la economía. La minería y el sector de oil & gas mantendrían su tendencia expansiva traccionados por Vaca Muerta y los proyectos bajo el RIGI. El agro también tiene una buena perspectiva con proyecciones favorables para la cosecha fina y gruesa. El comercio minorista se vería beneficiado por un mayor acceso al crédito y la recuperación del ingreso real. La construcción podría reactivarse si el crédito hipotecario continúa expandiéndose y se observa alguna mejora en el gasto de capital del sector público. En tanto, la industria seguiría siendo el sector más rezagado, afectado por el boom de las importaciones.
En el frente cambiario, el gobierno tendrá que afrontar dos grandes desafíos. Por un lado, iniciar un proceso ordenado de desmantelamiento de las restricciones cambiarias todavía vigentes, lo que permitirá la formación de un precio más genuino del tipo de cambio. Por otra parte, con la reciente modificación al régimen de bandas cambiarias, el gobierno apuesta a que la nueva fase de remonetización de la economía permita acumular sostenidamente reservas, contribuyendo a fortalecer el balance del BCRA. Consideramos que las medidas van en la dirección correcta, mejorando las perspectivas de acumulación de reservas a futuro.
 

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